| La Nación, Buenos Aires, 28/10/05 Con 10 años, se escapa de su casa y lo cuidan en una comisaría Le dan de comer mientras mira la TV. Se llama Rolando y limpia vidrios en una esquina de Rosario Su simpatía enterneció al comisario, que le prepara la merienda y, si hace falta, lo ayuda con el aseo. Por Ricardo Luque ROSARIO.- Tiene la mirada vivaz, el cuerpo chiquito y hace preguntas que nadie espera. Anda de un lado para otro como si tuviera hormigas en las zapatillas, pero cuando logra que pongan los dibujitos en el televisor, se queda quietito y callado. Y siempre da las gracias. Se llama Rolando, tiene 10 años, y si no fuera por los policías de la seccional 13a. se pasaría las tardes en la calle, tratando de ganarse una moneda limpiando parabrisas de los autos que paran en el semáforo de la rotonda de avenida Perón y bulevar Avellaneda, a la buena de Dios. Su simpatía enterneció al comisario Sergio Coronel, el titular del destacamento policial, quien deja que, cuando se escapa de su casa, se refugie en la guardia hasta que los familiares lo vayan a buscar. Mientras tanto, aprovecha para tomar la leche y, si hace falta, da una mano con la limpieza. "Es un personaje; los ojitos le brillan con esa inocencia que tienen los chicos y que a mí, cuando veo que sufren, me parte el corazón", contó a LA NACION Coronel, quien desde hace dos años está al frente de la comisaría en cuya jurisdicción está Villa Banana, una de las más populosas de la ciudad. "Lo traemos porque se escapa de la casa, dice que lo mandan a pedir pero que si vuelve sin monedas le pegan", continuó el relato Coronel, y añadió: "La mamá cuenta otra historia: dice que es rebelde, que no lo puede gobernar. No se da cuenta de que no lo tiene que gobernar, de que lo tiene que educar. Con nosotros es un chico muy dócil, inquieto, pero muy educado: pide las cosas por favor y siempre da las gracias. Acá nos compró a todos. ¡Cómo será que hasta se las ingenió para convencer a los vigilantes de que en vez de ver el partido le pongan los dibujitos!". Según la madre, Rolando va a la escuela, aunque no con la frecuencia que debería. "Es muy vivaracho; se la pasa yendo de un lado a otro, preguntando cosas que no siempre le podemos responder -afirmó Coronel-. Es muy curioso; quiere saber qué hacemos y parece que quiere aprender de todo." Coronel tiene 43 años, es casado y tiene tres hijos: Facundo, de 19; Aveylén, de 18, y Antonella, de 12. Desde joven quiso ser policía, pero ahora, que es un hombre experimentado en la fuerza, su interés se volcó hacia el trabajo social. "El día en que me retire me voy a dedicar a eso. Cuando a uno le toca trabajar en un barrio complicado como éste, se da cuenta de que, si a la gente no se la ayuda, nunca va a poder resolver sus problemas -enfatizó- y, hay que decirlo, en zonas con necesidades grandes como en la que nos movemos nosotros hay muchos problemas y muy graves." "La calle no perdona" Para el comisario, Rolando corre un gran riesgo cuando se fuga de su casa. "La calle no perdona", aseguró. El caso de Rolando está en manos del juez de menores Jorge Zaldarriaga. "Resolver su problema no es fácil. Cuando le hacemos preguntas profundas, le cambia la cara: no es el chico alegre de siempre." Igualmente, mañana, si Rolando aparece por la seccional, sus nuevos amigos le van a servir una chocolatada y le van a poner los dibujitos, para que, aunque más no sea por esa tarde, viva la vida que merece. Y por la sola razón de ser niño tiene todo el derecho del mundo de disfrutar. |