Clarín, Buenos Aires, 21/10/05


Faltan "hogares de tránsito" para cuidar a chicos abandonados

En 2 años sólo se postularon dos familias sustitutas. No son programas de adopción: la prioridad es que los chicos vuelvan con sus familias, pero la gente teme encariñarse.

Por Georgina Elustondo

Hay quienes repiten, con pesimismo, realismo o sorna que siempre se puede estar un poco peor. Que escalones para abajo, sobran. Y uno puede adherir o no, pero a veces, lamentablemente, la frase le cae como anillo al dedo a algunas situaciones. Es el caso de los chicos que, considerados en estado de riesgo o abandono, deben pasar un determinado período con familias sustitutas. Pues bien, el capítulo que suma hoy esta historia triste no la mejora: el número de niños que necesitan esos hogares crece aceleradamente, pero sólo hubo dos postulantes para cumplir esa función en casi dos años.

La crisis está instalada en el Consejo Nacional del Menor y la Familia, donde ven crecer la demanda de familias que funcionen como hogar de tránsito sin lograr respuesta a este drama por parte de la población. Y no hay exageración en el diagnóstico ni en la alarma: en menos de un mes y medio hubo seis recién nacidos (sanos) abandonados por sus madres en los hospitales porteños, una cantidad inédita.

"El abandono hospitalario creció mucho; las mamás desaparecen antes que les den el alta. Y también tenemos ingresos diarios de chicos de otras edades. No damos abasto. Estamos desbordados. Terminamos recargando a las familias inscriptas o derivando, muy a disgusto, a los chicos a hogares y ONGs hasta que les encontramos lugar", dice Silvia Naveyra, jefa del Departamento de Ubicaciones Familiares Transitorias del Consejo.

En Capital hay actualmente 222 familias sustitutas contratadas por el Consejo, que tienen 831 menores a su cuidado. Y nadie se atreve a arriesgar la cantidad de chicos en situación de abandono que debería engrosar esa cifra pero fueron destinados a otros "dispositivos" por falta de "vacantes".

"Hacemos convocatorias y no se presenta nadie. En la sociedad hay una crisis de voluntades para ejercer estas funciones", asegura Naveyra. "Tenemos dos sistemas: ya no hablamos de familias sustitutas ni de amas externas sino de familias cuidadoras, para los casos transitorios, y de crianza, para los más permanentes", explica.

Las familias que se anotan reciben un subsidio de unos 400 pesos por chico por mes (550 si tiene problemas de salud), cifra que cae a 318 pesos si tienen más de cuatro niños bajo su cuidado. El tema de la retribución es complejo y ha sembrado sospechas respecto a las verdaderas intenciones de los postulantes. "El que vea ésto como un negocio se equivoca. Ese dinero a veces ni alcanza para cubrir los gastos. Además, los hogares y ONGs también reciben dinero a cambio", retruca Naveyra.

La familia cuidadora está permanentemente auditada por los técnicos del Consejo. "No es una tarea fácil. Sin deseo, sin ganas de ahijar, no se puede sostener. Hasta la intimidad de la familia se ve perturbada porque hay un equipo mirando todo. De hecho, uno de los puntos que se evalúan en la admisión es la permeabilidad para aceptar las intervenciones", aclara Catalina Hvidbo. "Todos los convivientes son evaluados; deben estar de acuerdo y acompañar ; pueden ser hogares monoparentales".

El plazo de permanencia de los chicos depende de su situación judicial (en general, están judiciali zados por abandono o por riesgo). Y como los jueces suelen tomarse años hasta definir su situación los males se multiplican: los niños se encariñan con sus "papás" transitorios y la partida suma un nuevo desgarro a una vida ya herida. Y por el lado de los adultos las cosas también se complican: el vínculo se profundiza disparando a veces unas ganas razonables de quedarse con el menor. "Hay un duelo en ambas partes y a veces surgen dificultades. Si no hay amor no podrían cuidarlos. Pero nosotros intervenimos si vemos que retienen al chico", descarga Hvidbo, y aclara: "Estos programas no son vehículo de adopción. Los chicos están en tránsito, la prioridad es que vuelvan con sus familias".

Los chicos que necesitan estos hogares "de paso" no tienen decretada la adopción porque el juez considera que el vínculo con la familia de origen no está roto. Entonces, en tanto los técnicos evalúan cómo evoluciona esa relación, los menores deben vivir en un ámbito que los contenga. Hasta aquí, en teoría, todo bien. El agujero negro asoma cuando todo el sistema de institucionalización estira los tiempos al punto de consumir la infancia entera de los chicos... En tránsito hacia ningún lado.