Página 12, Buenos Aires, 19/10/05
Proyecto para eliminar la prisión perpetua a menores
El gobierno argentino informó a la Comisión Interamericana de DD.HH. que
buscará fijar en 12 años la condena máxima a un menor. Y recibió una severa
advertencia por la situación de las cárceles en Mendoza.
Por Irina Hauser
Fue una observación severa y directa. En boca de la relatora de
Derechos de la Niñez de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH),
Susana Villarán, sonó doblemente grave: Argentina es el único país de
Latinoamérica que aplica prisión perpetua a menores de edad, algo que viola los
pactos internacionales. Fue uno de los momentos más duros que tuvo que enfrentar
el lunes la delegación del Ministerio de Justicia y la Cancillería que viajó a
Washington para rendir cuentas ante el organismo por varias demandas en marcha.
La comitiva oficial ofreció por primera vez, como principio de una solución, un
proyecto de ley que fijaría en 12 años la pena máxima a los menores. También
tuvo que dar explicaciones sobre la falta de mejoras de la situación carcelaria
en Mendoza y la de los pueblos originarios de Salta. Las convocatorias de la
CIDH a sus audiencias suelen funcionar como un llamado de atención a los países
que enfrentan denuncias ante el organismo. La de los menores de edad fue
presentada por la actual titular de la defensoría oficial, Stella Maris
Martínez, en nombre de cinco chicos presos. Desde 1997 esa pena máxima se aplicó
en doce casos pese a que la Convención sobre los Derechos del Niño lo impide. En
abril del año pasado, el Estado argentino fue intimado a encontrar una salida,
pero no se había logrado ningún avance. Ahora –como adelantó Página/12– el
Gobierno plantea la posibilidad de impulsar una reforma de la ley que ponga una
limitación a la pena privativa de la libertad para los menores de 18 años. Es un
intento por poner freno a una demanda que amenaza con crecer. En Washington,
Martínez planteó que hace tiempo que se viene hablando de una reforma legal que
nunca se concreta. Algunos jóvenes, advirtió, llevan más de diez años presos.
Uno de ellos apareció muerto este año en una cárcel de Mendoza. Otro está
prácticamente ciego. Para este último, los representantes de la Secretaría de
Derechos Humanos se comprometieron a estudiar una conmutación de la pena. La
posible aprobación de un tope podría permitir que los demás recuperen la
libertad. Villarán y Florentín Meléndez, comisionado de la CIDH encargado de
Argentina, hicieron las preguntas más filosas. Entre ellas, qué obstáculos
impiden llegar a una ley de responsabilidad penal juvenil. Los funcionarios de
Cancillería atribuyeron las dificultades a los reclamos de leyes de “mano dura”
frente a la inseguridad. Otras voces de la delegación oficial admitieron que
ceñir las reformas a un tope de 12 años es insuficiente, pero creen que es la
forma de evitar “más daños y más perpetuas”. Ese límite sería uno de los más
altos en América latina: en Costa Rica, que tiene el más elevado, es 15 años y
en Brasil, la pena más alta es de tres años. Otro de los frentes con que
tuvo que lidiar la Argentina ante la CIDH es el reclamo por la situación en las
cárceles mendocinas, donde el año pasado hubo dieciocho muertes y denuncias
múltiples de maltrato. El lunes, las autoridades nacionales y provinciales
escucharon en la audiencia una fuerte advertencia por el incumplimiento de
medidas acordadas, como la puesta en marcha de una comisión de políticas
penitenciarias y otra de investigación de las muertes. También se les señaló la
falta de acatamiento del fallo de la Corte Interamericana que exigía mejoras
sanitarias, programas de resocialización, entre otras cosas. En nombre de
comunidades wichí de Salta, el Centro de Estudios Legales y Sociales pidió que
la CIDH dicte una medida cautelar para suspender un plebiscito convocado por el
gobierno provincial para este domingo, que pretende someter a votación si
corresponde entregar a los aborígenes unas 600 mil hectáreas que habitan
ancestralmente. Ellos piden que les entreguen títulos comunitarios.
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