Clarín Buenos Aires, 13/6/03


A la edad de jugar, 1.500.000 chicos trabajan en la Argentina

Es el 22% de los niños de entre 5 y 14 años: la cifra creció seis veces en 8 años. El 40% de esos chicos deja la escuela, por lo que UNICEF y el Ministerio de Educación elaboraron un plan conjunto.

Silvina Heguy. DE LA REDACCION DE CLARIN.

Representan el 22 por ciento de los chicos argentinos de entre 5 y 14 años. Son alrededor de un millón y medio que, en lugar de jugar y estudiar, trabajan. Y, por hacerlo, el 40% de ellos deja la escuela. Con estas cifras de la Organización Internacional del Trabajo, ayer —en el "Día Mundial contra el Trabajo Infantil"— UNICEF y el Ministerio de Educación de la Nación lanzaron un programa para que el abandono de las clases por causas económicas se termine.

"En América latina, el 70% del abandono escolar está relacionado con razones económicas", explicó Jorge Rivera Pizarro, representante en la Argentina del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). "Como efecto de la grave crisis sufrida en la Argentina, tenemos indicios para suponer que el trabajo infantil es un problema que ha crecido y que existe un gran riesgo de que el abandono escolar aumente", dijo.

La mayoría de los casos argentinos se registra en zonas urbanas (1.232.800 chicos), donde los más pequeños trabajan junto a sus familiares en la selección y recolección de basura, elaboración y venta de alimentos en lugares públicos, trabajos artesanales en la casa. Los más grandes trabajan en talleres, comercios y en la construcción. En zonas rurales, los 271 mil niños trabajadores cumplen tareas agropecuarias.

El cambio en la situación de hace unos años se detecta con revisar las pocas estadísticas sobre el tema. Los datos de UNICEF de 1995 decían que eran 252.000 los chicos que trabajaban en el país. En los últimos ocho años, la cifra se sextuplicó.

"Lo que hace el trabajo infantil es vulnerar el derecho de los niños a educarse", dijo ayer Rivera Pizarro desde su oficina en Buenos Aires. Y la pobreza es la principal causa que lleva a una familia a que sus hijos trabajen para solventar sus condiciones básicas de vida.

Pero no es la única causa. "El deterioro del empleo y la disminución de los ingresos en los hogares más vulnerables han ayudado a que el trabajo infantil crezca", explicaron desde UNICEF.

Tanto en la Argentina como en el resto del mundo, los chicos participan de diferentes formas en el mundo del trabajo. En una definición restringida sólo se considera que lo hacen cuando participan en actividades por las que logran algún tipo de remuneración fuera de su casa.

Dentro de esta actividad, desde la Organización Internacional de Trabajo (OIT) aseguran que en la Argentina en el año 2000 había 482.803 chicos. Pero si se amplía la perspectiva y se acepta el "atender la casa cuando los mayores no están" como trabajo, el número de chicos que trabajan aumenta tres veces.

Trabajar mientras se crece influye en el aprendizaje, aseguran los especialistas de los organismos internacionales. Las estadísticas de UNICEF alertan que el 36% de los chicos de entre 6 y 14 años que trabajan aprenden menos en la escuela.

En este contexto, la forma de luchar contra el trabajo infantil cambió. "Mucho tiempo, equivocadamente, se ha apoyado al niño trabajador para que éste apoye a su familia. Hoy es necesario revertir esta situación y fortalecer a la familia para que apoye al niño", explican desde UNICEF.

Con esta línea de acción, el ministro de Educación, Daniel Filmus, firmó ayer un acuerdo con ese organismo internacional. Unos de los ejes será apuntalar el sistema de becas para las familias que las necesitan. El acuerdo coincide con uno de los planes en los que se está trabajando dentro de la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Conaeti,) que fue creada en agosto de 2000.

Un mal a nivel mundial

Tanto en Buenos Aires como en otras ciudades del mundo, ayer se realizaron diferentes actos para reafirmar la lucha contra el trabajo infantil.

Desde Ginebra, Juan Somavía —director general de la Organización Internacional del Trabajo— denunció que, en el mundo, más de un millón de chicos son la mercancía del comercio sexual.

Además, este organismo dependiente de las Naciones Unidas calcula que en todo el planeta hay casi 250 millones de niños trabajando. De ellos, las tres cuartas partes soportan pésimas condiciones, que pueden perjudicar su salud.

En la Argentina, el llamado de atención de los expertos fue hacia la Triple Frontera. "La falta de estricto" en los límites geográficos de la Argentina, Paraguay y Brasil "facilita el comercio ilegal, incluyendo armas, drogas y la explotación sexual de menores", denunciaron desde la OIT.

El organismo ya se puso a trabajar en la zona e implementó un programa de Prevención y Eliminación del Comercio Sexual, de la Explotación de Jóvenes y Adolescentes para terminar con el tema.