Clarín Buenos Aires, 26/10/03


Crecen el abuso sexual y el maltrato de chicos

En ocho años se triplicó la cantidad de denuncias por violencia contra niños. El abuso sexual es la modalidad que más aumentó. Ocho de cada diez abusadores son padres, cuidadores o allegados a la víctima. Los expertos dicen que ahora se conocen más casos porque mejoró la reacción de la sociedad.

Por Pablo Calvo

Pili tiene la edad de jugar, pero no puede subir los tres escalones del tobogán. El padrastro la violó antes del amanecer y su vagina tuvo que ser reconstituida mediante una cirugía plástica que duró horas. Viene tan sonriente como torcida al encuentro con el cronista de Clarín, al que le roba la lapicera. Dibujar le hace bien, se olvida de la luxación de cadera. Planta un garabato, pero ella dice que es "Barney", un dinosaurio de la televisión. En el mundo de Pili —acotado por las paredes de la Casa Cuna de La Plata—, "Barney es un muñeco bueno", porque nunca les pega a los chicos y los protege hasta que se van a dormir.

El maltrato infantil avanza hoy a regiones de pesadilla. En ocho años, sólo en la Ciudad de Buenos Aires, se triplicaron las denuncias por agresiones a chicos.

Hay señales de alarma por donde se las quiera ver: el Hospital Pedro de Elizalde, pionero en la atención de los chicos maltratados, suma 220 historias clínicas nuevas por año. En Capital Federal, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil tiene registrado un salto de 199 denuncias en 1995 a 383 en el 2000, más una proyección para el 2003 que se acerca al triple que hace una década.

El Centro de Atención por Violencia Sexual de la Policía Federal recibe el doble de llamados de preocupación los días en que se difunde una noticia sobre abuso de chicos. Ahí, la cantidad de casos atendidos es 70 por ciento mayor a los de 1996.

La Red de Defensorías de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno porteño tuvo 1.021 pedidos de protección en el 2001 y casi el doble el año pasado: 1.773.

Argentina no tiene estadísticas nacionales confiables sobre la gravedad del fenómeno y lleva un año de incumplimiento con el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, que le recomendó perfeccionar y actualizar toda la información sobre casos y denuncias, para mejorar el auxilio de los chicos en riesgo.

Durante un mes, Clarín recopiló datos sueltos e inconexos que están en las dependencias oficiales que tratan el problema y consultó a especialistas que, en los últimos 10 años, consiguieron ablandar la rigidez burocrática con que el Estado lo abordaba.

Además del aumento de las denuncias, la investigación permitió detectar que la modalidad de maltrato que creció más fuerte es el abuso sexual. Es un problema que deja secuelas para toda la vida y que, si no se trata a tiempo, puede llevar al chico abusado a convertirse en abusador.

El Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia tiene registrado al abuso sexual como el principal problema de los chicos que asistió en el primer semestre de este año, a través de su programa de tratamiento de la violencia familiar.

Igual tendencia detectó la Oficina de Asistencia a la Víctima del Delito de la Procuración General de la Nación. "Los delitos contra la integridad sexual exhiben un aumento, ya que pasamos de asistir 142 casos en el período 2001/2002 a 215 casos en el período 2002/2003", señala su director, Eugenio Freixas.

La explicación clásica de los expertos en violencia familiar indica que, en realidad, no aumentan los casos de maltrato infantil, sino que ahora son más detectables por médicos, maestros y psicólogos y más denunciados por las familias.

"No es una problemática nueva —dice un estudio presentado este año por el pediatra Roberto Mateos, de la Fundación Pro Infantia—, valgan como ejemplos el exterminio infantil en Babilonia, las matanzas ejecutadas por Herodes o la eliminación de niños malformados en Esparta".

Aquí, si bien mejoró la identificación del problema, parece haber una sofistificación del maltrato. "Este año ingresaron cinco chicos con presencia de cocaína en la sangre. Antes no ocurría", relata María Marini, directora del hospital pediátrico Noel Sbarra, la Casa Cuna de La Plata.

"No creo que la sociedad argentina sea más maltratadora o más abusadora, lo que hay ahora es menos hipocresía y mayor sensibilidad por parte de los profesionales que intervienen", considera el psicólogo Ricardo Rodulfo, especializado en niñez.

El psiquiatra infanto-juvenil Norberto Garrote, jefe de la primera Unidad de Violencia Familiar del país, creada en 1988, tiene medido el cambio de modalidades en esa área.

"Lamentablemente —dice Garrote—, la demanda por abuso sexual infantil se ha incrementado de manera significativa. Hace unos años, el maltrato físico se daba en el 70 por ciento de los casos y el abuso sexual no resaltaba en nuestro registro; pero ahora, el maltrato físico se redujo al 38,5 por ciento y el abuso sexual trepó al 54 por ciento de los casos". Ocho de cada diez abusadores, según Garrote, son padres o allegados.

María Elena Naddeo, presidenta del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes porteño, señala que a pesar de haber mejorado la reacción de la gente ante las alarmas que producen los casos de abuso sexual infantil: "Hay que decir también que, pese al avance de los derechos humanos, el autoritarismo patriarcal, la cultura que considera a las mujeres como objeto sexual y la perversión de someter a un chico, como expresión de poder, siguen vigentes".

El volumen de trabajo de Angeles Burundarena, asesora general adjunta de menores del Poder Judicial de la Ciudad, es otro indicador del aumento de las denuncias por agresión sexual. "Antes llegaba un caso cada tanto, en sobre cerrado, derivado de algún hospital. Hoy es distinto: hay días en que atendemos cuatro expedientes juntos y se trata de actuar rápido para que atiendan al chico y no se encuentre con el abusador cuando vuelva a casa".

Informes del Congreso insinúan que el problema del maltrato y el abuso de chicos es mucho mayor que el conocido: "Se piensa que por un caso denunciado, hay 10 que son tapados", sostiene la senadora nacional Marita Perceval.

Pili, la nena violada por su padrastro, tiene 122 amigos. Son los chicos internados en la Casa Cuna platense. Uno respira gracias a la traqueotomía, otro está con desnutrición grave. Hay un bebé abandonado hace días, otro aferrado a una mamadera tibia y otro con secuelas del alcoholismo de su mamá. No son casos de maltrato, salvo que la estadística empiece a registrar las cicatrices del alma. A los amigos de Pili les gusta visitar la sala de rayos X, porque hay un póster gigante de la película Aladino. Ni saben que el afiche de al lado tiene radiografías de fracturas de chicos provocadas por padres y del cuerpo de un bebé al que la mamá llenó de agujas.


Escándalos recientes

Los casos de presunto abuso sexual son cada vez más notorios. Sólo en la última semana se conocieron éstos:

  • La Cámara de Acusación salteña el viernes confirmó el procesamiento del ex concejal justicialista Guillermo Capellán por el delito de "estupro", en el marco de una causa en la que se lo acusa de abusar sexualmente de un chico de 15 años.

  • El jueves, un hombre fue condenado a diez años de prisión por haber abusado sexualmente de su hija de 13 años, en la provincia de Catamarca. En el juicio se probó que la violó tres veces.

  • El miércoles, un profesor de Historia de un colegio católico de Córdoba lloró en pleno juicio y confesó haber abusado de siete nenas, a las que manoseó en clase. Le dieron cinco años de cárcel.

  • Un leñador de 24 años fue detenido en Campana, el miércoles, acusado de violar a una chica de diez años.

  • Un grupo de padres de chicos de entre tres y cinco años, el lunes denunciaron al profesor de gimnasia de un jardín de infantes de Mar del Plata por 39 casos de abuso sexual. La acusación incluye también a un sacerdote.

  • Un profesor de plástica que trabajaba en escuelas de Córdoba, fue detenido el domingo pasado luego de haber sido denunciado por sus alumnas, quienes dijeron que les pedía "piquitos" en la boca a cambio de mejorarles las notas.


    Denunciante amenazado

    Uno de los menores que acusó al cura Julio Grassi por abuso sexual, denunció que fue amenazado esta semana por dos personas que lo apuntaron con un arma. El abogado defensor, Juan Pablo Gallego, advirtió que el chico vive en un estado de "tremenda indefensión". Grassi irá a juicio oral acusado de seis casos de abusos y amenazas.


    En todas las clases sociales

    Es falso que el abuso sexual sea un problema de los pobres. El último informe elaborado por el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes porteño es elocuente en desmentirlo: en una muestra de 12 casos recientes, nueve se produjeron en el barrio de Palermo, habitado por la clase media alta de la Ciudad.

    Los otros tres casos fueron en La Boca y Barracas.

    "El abusador puede ser de cualquier clase social, vivir en la ciudad o en el campo, tener cualquier profesión, raza, religión, opción social o estado civil", dice un segundo informe, basado en estudios internacionales y el trabajo "Abuso sexual de los niños: aprender a escuchar", de Eva Giberti.

    En las clases bajas hay una mayor cultura de la denuncia: "Una madre ofendida con el padre abusador es capaz de gritarle de todo, incluso de querer lincharlo; pero en otros sectores puede haber una tendencia a ocultar el problema", señala Angeles Burundarena, asesora de menores.


    Características del abusador

    No existe un prototipo, pero los abusadores reúnen algunos rasgos comunes. En su gran mayoría, son personas conocidas del chico.

    Un dossier del Gobierno porteño, realizado en base a investigaciones especializadas, señala que estas personas son aparentemente normales y que rara vez usan la violencia.

    Por lo general, recurren al engaño y buscan conquistar la confianza de las víctimas.

    Algunos amenazan a los chicos; otros, les dan premios o privilegios de diferente tipo. El violador establece una relación en la que quiere hacer valer su autoridad y poder. "El abusador intercambia afecto y atención por sexo. El niño, de ese modo, es recompensado por una conducta sexual no acorde a su nivel evolutivo", advierte Gustavo Gallo, presidente de la Comisión de los Derechos del Niño de la Asociación de Abogados de Buenos Aires.

    Los abusadores buscan por lo general a chicos menores de 13 años, edad en la que empiezan a ofrecer resistencia.


    Deuda de Estado

    En un duro documento sobre la situación de la infancia en Argentina, el Comité de los Derechos del Niño de la ONU recomendó al Gobierno que realice un estudio sobre la prostitución infantil, para tomar medidas preventivas, y que ponga en práctica un plan de rehabilitación de las víctimas infantiles. Fue hace un año, aún no hubo reacción oficial.


    Cifras

    600 consultas por mes reciben los Tribunales de la Capital Federal sobre casos que tienen a niños como víctimas. El 70 por ciento toma luego cuerpo de denuncia.


    Lugares y teléfonos para pedir ayuda

    En el Gobierno Nacional y en la Ciudad de Buenos Aires hay especialistas preparados para atender consultas y denuncias por abusos de niños:

    Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescente (Ciudad de Buenos Aires). Línea gratuita: 102. O a los teléfonos: 4331-3232/3297
    Dirección: Avenida Roque Sáenz Peña 547, sexto piso.

    Dirección de la Mujer de la Ciudad (Servicio de Asistencia al Maltrato Infantil).

    Línea "Te Ayudo": 4393-6464

    Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez (Unidad maltrato infantil y violencia familiar).
    Teléfonos: 4962-9232/9229
    Dirección: Sánchez de Bustamante 1330, Capital Federal.