Página 12 Buenos Aires, 22/12/03


Un calvario sin fin

La Justicia negó el aborto a una nena de 14 anos violada por el padrastro. La madre reclamó en los tribunales de Bahía Blanca que autorizaran a su hija a realizarse un aborto. El Comité de Bioética del hospital local y la defensora general apoyaron el pedido alegando que la chica fue víctima de una violación y que el nacimiento pondrá en peligro su vida. Pericias psicológicas demostraron que la menor evidencia “una idea recurrente de muerte”. Sin embargo, el juez rechazó la solicitud. La polémica por el caso y el drama en la Argentina del abuso sexual y el aborto en adolescentes.

Por Carlos Rodríguez

Un pueblito rural ubicado a 15 minutos de la ciudad de Bahía Blanca es el escenario del drama de una niña de 14 años, cuyo nombre se mantiene en reserva, que carga con el peso de un embarazo no buscado, ni deseado, luego de haber sido violada por su padrastro. A mediados de noviembre pasado, cuando la chica estaba en el tercer mes de gestación, su madre se presentó ante la Defensoría General de Bahía Blanca, a cargo de María Graciela Cortázar, para solicitar autorización judicial para que su hija pudiera someterse a un aborto. “Está muy deprimida, dice que si la obligan a tener ese hijo se va a matar”, suplicó la madre ante la defensora oficial, quien a los pocos días presentó un recurso de amparo ante la Justicia correccional para que accediera al pedido de realizar un “aborto impune”, sin condena penal, alegando que la menor había sido víctima de una violación y que el nacimiento ponía en peligro la vida de la madre. Aunque el requerimiento contó con la aprobación del Comité de Bioética del Hospital Penna de Bahía Blanca y de la Asesoría de Menores, el juez rechazó la solicitud. Cuando estuvo frente al juez, la niña se arrodilló ante él para rogarle que aprobara la interrupción de su embarazo. Ahora, tanto la madre como la defensora oficial, temen por la situación de la nena a la que le robaron su mundo de muñecas.
“Como el Código Penal establece que el aborto es un delito, lo que hicimos fue argumentar que dado el cuadro que presenta la menor, en este caso se trataba de la última posibilidad para evitar el peligro que corría la vida de la joven”, explicó a Página/12 la defensora María Graciela Cortázar. La funcionaria dijo que la chica “fue violada por un hombre con el que vivía y que si bien fue quien la reconoció al nacer como hija propia, no es su padre biológico sino su padrastro”. La joven vive en un pequeño pueblo rural, en compañía de su madre y de siete hermanos menores. El hombre desapareció de la escena familiar luego de cometer el abuso de una menor que estaba bajo su guarda.
La noticia fue dada a conocer en Bahía Blanca por el periodista local Luis Alberto Cano, en su página Web “Frente a Cano”, y en el programa radial que lleva el mismo nombre. Este diario intentó comunicarse en varias ocasiones con las autoridades del Hospital Interzonal Penna y con el juez José Luis Ares, que intervino en el caso, pero en ningún momento accedieron a una entrevista para aclarar la posición asumida por ellos. La única que accedió a informar sobre el caso, que ella misma patrocinó en representación de la menor, fue la doctora Cortázar.
“La mamá vino a vernos muy preocupada porque su hija estaba pasando por un cuadro depresivo profundo que la llevaba a negarse a concurrir a los controles del embarazo y a manifestar en repetidas oportunidades su intención de suicidarse”. La chica repetía, en forma constante, que lo que lleva en su vientre “no es su hijo” y que si la obligan a tenerlo “se iba a matar”. Más allá de las expresiones, sus actitudes concretas coincidían con sus dichos: se negaba a ingerir alimentos y los informes psicológicos que se le realizaron señalaron con absoluta certeza que evidenciaba “una idea recurrente de muerte y autodestrucción”. Todo fue corroborado por estudios ambientales e informes psicológicos independientes.
La doctora Cortázar precisó que hubo un primer intento de plantear el caso directamente a las autoridades del Hospital Interzonal Doctor José Penna, que dieron intervención al Comité de Bioética. “Los miembros del Comité recomendaron hacer la práctica médica al evaluar la situación de la joven y el asesor de menores también se manifestó en igual sentido”. Sin embargo, el hospital, cuyo director es el doctor Alberto Taranto, “dijo que no quería asumir esa responsabilidad sin la autorización previa de un juez, aunque también se contaba con la aprobación del representante legal de la joven y del niño por nacer”. Todos interpretaron que “en el juego de valores, el valor predominante era el de la menor madre”. La causa fue presentada ante el juzgado en lo Correccional a cargo del doctor José Luis Ares. “El juez reconoció que la situación de la joven era muy complicada y dio por sentado que era cierto el temor de que pudiera correr un peligro grave en caso de continuar con el embarazo”. Sin embargo, a pesar de esa apreciación, “rechazó el pedido alegando que él no tenía intenciones de sumar una víctima, el niño por nacer, a otra víctima, la madre en conflicto”.
El juez determinó que es cierta “la afectación que sufre la menor” y reconoció que existe “la posibilidad de un riesgo”, pero su conclusión fue que “el aborto no es el único medio para solucionar” el conflicto. En consecuencia, tomó la decisión de “ordenar al juzgado de menores que interviene (a cargo del doctor Guillermo García Pereyra) que se haga responsable del control y la asistencia psicológica y psiquiátrica de la menor”. La doctora Cortázar se manifestó “muy preocupada” por la situación de la nena embarazada. “Es una chica de 14 años, pero no hablo de 14 años de una chica de la ciudad, hablo de una chica que vive en un medio rural. Mental y físicamente es una nena de 11 años que está viviendo una situación para la cual no está preparada”.
El hecho de vivir en un pueblo pequeño incorpora algunos elementos que agravan el drama. Todos los habitantes tienen conocimiento de la triste historia familiar y hasta los hermanos menores de la adolescente ahora le reprochan, desde su inocencia, que haya sido la “culpable” de que el padre –lo es en el caso de los niños más chicos– se haya tenido que ir de la casa familiar a partir de una situación dolorosa de la que ellos sólo conocen las consecuencias más primarias.
La Defensoría resolvió no apelar la decisión del juez Ares, teniendo en cuenta que la jovencita está ahora entre el cuarto y el quinto mes de embarazo. Con los plazos que se toma la Justicia para resolver casos como el presente “aunque se tomara una decisión favorable al pedido, ya sería tarde”. Por otro lado, Cortázar aseguró que no quiere “generar nuevas expectativas en la menor, como había ocurrido a partir de nuestra intervención, y después ponerla ante la situación de un posible nuevo fracaso”. Según Cortázar, para la niña sería “muy costoso, muy doloroso, porque ella tenía muchas expectativas en la resolución que tomarían los adultos y ahora está desolada”. Desde que supo de su embarazo, la menor dejó de concurrir a la escuela secundaria y se refugió en su casa.
“Ella tiene una candidez y una ingenuidad totales; hasta su desarrollo físico no coincide con la edad que tiene, parece que fuera todavía más chica”. La doctora Cortázar recuerda, como en un mal sueño, la carita de la niña madre cuando se sentó frente al juez Ares y le dijo: “Yo le pido por favor que me ayude porque de lo contrario no voy a vivir. Ustedes que son grandes, tienen que ayudarme”. Al hacer su pedido, la nena se puso de rodillas ante el juez. Al margen del embarazo, la situación económica de la familia de la menor es por demás precaria, al punto que la Defensoría tuvo que pagarles el pasaje, a la madre y a la joven, cada vez que se movilizaron hasta Bahía Blanca. “Ella pensaba que nosotras la íbamos a poder ayudar”, sigue lamentándose la defensora oficial.

La opinión de tres médicos

OSCAR CONTRERAS ORTIZ *.
“El tema es difícil”

El aborto está penado por el Código Penal. Por este motivo, la Justicia lo denegó. Para interrumpir un embarazo se necesita un permiso judicial, independientemente de que haya una reserva personal o exista una recomendación por parte del ámbito de la medicina. De todas maneras, el médico tiene la posibilidad de oponerse y no hacer el aborto, mediante el recurso de objeción de conciencia. Desde el punto de vista médico, si el embarazo es normal y la madre no corre riesgo, la interrupción no está autorizada. Sólo existe la excepción cuando el feto no va a tener viabilidad. El pedido de aborto a partir de una violación es algo que debe dirimir un juez y no un médico. Además, no llegan frecuentemente casos de este tipo a los hospitales. Y es muy poco probable que la Justicia autorice esta interrupción. Esta temática no es fácil de tratar, porque hay que tener plena seguridad de que fue una violación. También hay que tener en cuenta que existe riesgo en la interrupción del embarazo.
* Director del área de Ginecología y Obstetricia del Hospital de Clínicas.

JORGE GILARDI *.
“Hay un debate pendiente”

En este caso puntual, la Comisión de Bioética dio la recomendación para que se efectúe la interrupción del embarazo y, sin embargo, para la Justicia, el aborto puede causarle riesgos a la joven. La Justicia debería balancear las leyes, el criterio del equipo médico y la opinión familiar porque hay necesidades personales que tienen que tomarse en cuenta. Debería formarse una comisión de bioética, integrada por representantes de la Justicia, de la familia y un comité interdisciplinario médico para evaluar la situación y tomar una decisión. De todas maneras, terminarán primando las decisiones de la Justicia. Este es un debate que se debe la sociedad. Toda resolución que se dé en este sentido tiene que ser con celeridad porque los tiempos del paciente no son los mismos que los de la Justicia. Y si esta adolescente tiene cuatro meses de embarazo, a esta altura, es una situación casi irreversible. Sobre este punto, hay que legislar. Hay que sacarse algunas ataduras y tratarlo seriamente para no llegar a esta situación.
* Obstetra, presidente de la Asociación de Médicos Municipales.

DIANA GALIMBERTI *
“Es riesgoso el aborto”

En el ámbito de la Justicia no es legal el aborto en casos de violación. Está permitido en las personas dementes o débiles mentales. También cuando hay riesgo para la vida de la madre. En estos casos, el Comité de Bioética Hospitalario puede dar una recomendación sobre el caso, pero la única que puede dar una autorización es la Justicia. En el Centro de Atención a la Víctimas de Violación del Hospital Alvarez nunca ha llegado un caso similar al de Bahía Blanca. Por lo general, las mujeres que atendemos ya llegan con un embarazo en camino y la mayoría no ha hecho la denuncia en la Policía o la Justicia. El riesgo que corre la mujer es otro aspecto a tener en cuenta. Si la chica de Bahía Blanca lleva más de tres meses de gestación es riesgoso realizarle un aborto. Para llegar a una buena resolución habría que estudiar el estado de salud de la chica, analizar en qué condiciones está y también cuál es el estado del embarazo.
* Ginecóloga. Jefa del Centro de Atención a las Víctimas de Violación del Hospital Alvarez.



La voz de especialistas en bioética y en derecho

PEDRO HOOFT *.
“Es un caso controvertido”

En la evaluación que hace la Justicia se debe tener en cuenta el punto de vista terapéutico y médico. Esta opinión debe servir de guía para la determinación final que se tome. Desde la legislación, ésta es una problemática muy discutida. Uno de los puntos más controvertidos que se suele plantear es si la violación es una causa válida para permitir el aborto o si sólo se debe autorizar en el caso de que la mujer sea una débil mental. La discusión se da a partir de la redacción de uno de los incisos del artículo del Código Penal que habla sobre el aborto. Este punto en la legislación es muy ambiguo. Por lo tanto, no se sabe bien cuál es la determinación de la Justicia. De todos modos, cada caso es particular y en éste, específicamente, se debería contar con un dictamen interdisciplinario para resolverlo de forma efectiva que esté fundamentado. Para eso hay que tener en cuenta con las disciplinas de la obstetricia, la psicología, la psiquiatría y la asistencia social, entre otras.
* Juez, presidente de la Asociación Argentina de Bioética.

IGNACIO MAGLIO *.
“Es importante su deseo”

Los casos de abortos permitidos están relacionados con lo que se denomina aborto terapéutico. Los tribunales interpretan que esta clase de interrupción del embarazo está permitida por la ley para proteger la integridad y salud de la madre. Incluso, esto figura en el Código Penal. Pero existe esta mala costumbre de pedir autorizaciones judiciales para realizar una práctica médica. En general, los médicos, por temor a la mala praxis, piden esta autorización porque es una forma de respaldarse. En este caso hay que ver qué se considera un daño grave para la integridad y salud de la madre. En una chica de 14 años con la mentalidad de una de 11, continuar con la gestación de un bebé, puede comprometer su integridad física y psíquica. El Comité de Etica tiene que haber ponderado la evaluación riesgo-beneficio. Si sugirió la interrupción fue porque el embarazo de esta nena iba a ser perjudicial para ella. Además, es importante considerar los deseos de esta adolescente y la disposición de su propio cuerpo.
* Abogado, especialista en bioética y derecho médico.

NELLY MINYERSKY *.
“La legislación es defectuosa”

Generalmente, la Justicia niega la posibilidad de aborto porque hay una interpretación muy restrictiva del Código Penal. En esta área, la tipología es muy estricta. La interpretación de estos casos debería ser más amplia. Se tendrían que rever las causales del aborto y tener en cuenta las condiciones sociales de la persona. Es necesario mejorar la legislación porque la existente es defectuosa y antigua, ya que data de la década del ‘20. La redacción del artículo que habla sobre el aborto en el Código es confusa. Hoy, la vida de una persona se interpreta según dónde está puesta la coma de un inciso. Está comprobado que los embarazos de personas muy jóvenes son nocivos para la niña madre y los chicos. Aunque el panorama cambia cuando está en peligro la vida de la madre. Hay un caso famoso similar al de Bahía Blanca, en el cual la madre de la embarazada pidió la autorización y fue negada.
* Abogada, presidenta de la Comisión de Familia del Colegio de Abogados de Capital Federal.

JOSE ALBERTO MAINETTI *.
“La Justicia se excedió”

En mi opinión personal, hay un conflicto entre la medicina, que ha hecho una indicación terapéutica, y la Justicia, que se excede en su accionar. Esto no debería darse. El dictamen del Comité de Bioética no es obligatorio, pero si los profesionales optan por una conducta terapéutica, me parece bastante sensato. Es una menor con un presunto retraso mental que fue violada y, sumado a esto, existe una importante afectación psíquica a su salud. Se dan motivos suficientes para que la conducta indicada se corresponda con la interrupción del embarazo. Lo cierto es que el caso también llega un poco tarde porque la joven ya tenía tres meses de embarazo. Desde el punto de vista ético, si hay voluntad de la interesada y de la familia, debería haber una inclinación hacia el deseo de la paciente, hacia su autonomía. Estos son casos que muestran la necesidad de una política de salud reproductiva. Hay que atender estas problemáticas de manera preventiva. La bioética, por su parte, se inclina hacia la interrupción del embarazo.
* Médico, consultor de la Comisión de Bioética del gobierno bonaerense.



El drama del abuso sexual y el aborto en la Argentina

Por Mariana Carbajal

¿Habrá podido el juez Ares mirar a los ojos a la nena de Bahía Blanca cuando le suplicó, de rodillas, ayuda para terminar con su pesadilla y él, que tenía en sus manos esa posibilidad, se la negó? Fue la segunda vez, en pocas semanas, que un adulto la defraudó: la primera, corrió por cuenta de su padrastro que abusó sexualmente de ella. Su pequeña pancita en crecimiento es prueba flagrante de semejante aberración. Sus ganas de morir, una consecuencia de la insensibilidad del magistrado. El drama de Miriam –un nombre ficticio para personificarla– lamentablemente no es aislado, es el de otras nenas: de acuerdo con una investigación del Centro de Estudios en Población (Cenep), el 80 por ciento de las niñas-madres del país ha tenido hijos con varones que las supera en, al menos, 10 años y el resto con varones que son al menos, 20 años mayores que ellas, situación que permite hipotetizar la presencia de situaciones de abuso, violación e incesto.
El estudio del Cenep estuvo a cargo de la investigadora Alejandra Pantelides, que entrecruzó estadísticas del Ministerio de Salud, con datos del Censo ‘91. Por estos días, un equipo del Cenep se encuentra actualizando la información.
Tal vez, si el caso de Bahía Blanca hubiera trascendido en los medios antes, su desenlace podría haber sido otro: las presiones internacionales lograron en febrero disuadir al gobierno de Nicaragua para que permita un aborto terapéutico a una nena de 9 años de ese país, violada por un hombre de 23 en Costa Rica.
En la historia de Miriam confluyen el drama del abuso sexual con la problemática del embarazo adolescente y el aborto. Historias como la de ella se repiten en distintos puntos del país. Las estadísticas oficiales del Ministerio de Salud mostraron que en el año 2000 se convirtieron en mamás 2996 nenas de entre 10 y 14 años y 555 ingresaron a hospitales con complicaciones por abortos realizados con métodos precarios. Tanto el número de embarazos de púberes como el de abortos se incrementó considerablemente en la última década: en 1990, fueron 2601 las nenas que tuvieron un parto y 323 las hospitalizadas por complicaciones de abortos. De esta forma, mientras en 1990 hubo una internación por aborto cada 8 partos de madres-niñas, en 2000, fue una cada 5 partos. Estas nenas pertenecen, generalmente, a familias pobres. En Jujuy, el año pasado, Ricardo Cuevas, jefe de ginecología del Hospital Pablo Soria, de San Salvador, atendió un aborto incompleto de una niña de 10 años.
En el año 2000 por primera vez en la Argentina se registraron muertes maternas en menores de 15 años. En el 2001 también ocurrieron 27 muertes maternas en adolescentes, de un total de 297: de las muertes en menores de 20 años, una fue una niña de entre 10 y 14 y se debió a un aborto.
A pesar de que desde hace una década distintos estudios de opinión muestran que alrededor del 80 por ciento de la población está de acuerdo con la despenalización del aborto en casos de violación, los legisladores hacen oídos sordos y se resisten a modificar el Código Penal. En el Congreso hay varios proyectos, pero ninguno avanza. La Iglesia Católica, desde ya, se opone. Como también a que los adolescentes tengan acceso a información sobre anticoncepción y a los métodos sin el permiso de sus padres. Con una legislación que hiciera accesible y seguro el aborto en estos casos, la historia de Miriam hoy sería un poco menos triste. Su caso no sólo muestra el drama del abuso sexual intrafamiliar sino el desamparo de las niñas y adolescentes frente a un embarazo forzado y decididamente no deseado.